Acoso escolar

Resulta una experiencia dolorosa para los padres convencer a sus hijos de que vayan al cole cada mañana si el colegio para ellos es una fuente de estrés y ansiedad, si lloran por que no quieren ir, si cuando vuelven están tristes, preocupados, si anticipan esta ansiedad incluso los fines de semana, con domingos de dolores de barriga.

Las  razones por las que un niño puede no querer ir al colegio pueden ser muy variadas: ansiedad por separarse de sus padres, celos con hermanos, estar sufriendo acoso escolar. Igualmente variadas pueden ser sus manifestaciones: psicosomáticas (dolores de cabeza, dolores de barriga, vómitos,..), emocionales (enfado, tristeza)… Ante este panorama a veces no resulta fácil para los padres determinar qué está pasando, qué causa el malestar a sus hijos.  Hoy en día recibimos mucha información, y el tema del acoso escolar está al orden del día, pero no todo es acoso escolar. Vamos hablar sobre qué es, qué consecuencias tiene y cómo podemos actuar.

¿Puede mi hijo estar sufriendo acoso escolar (bullying) ?

Primero definiremos acoso escolar, para diferenciarlo de agresiones o violencia esporádica: El acoso escolar es el maltrato psicológico, verbal o físico hacia un alumno por compañeros a lo largo del tiempo. Las formas de acoso pueden ser muy variadas: marginación social, agresiones verbales, humillaciones, agresiones físicas, amenazas, chantaje, ciber-acoso, agresión contra la libertad y orientación sexual, abuso sexual.

Las características del acoso que lo diferencian de otras situaciones de agresión puntuales son:

  • desequilibrio de poder: bien por desigualdad de poder físico, psicológico o social, se produce una desigualdad de fuerza en las relaciones.
  • intencionalidad y repetición: convertir al agredido en victima intencionadamente y mediante agresiones continuadas en el tiempo.
  • indefensión y personalización: normalmente el objetivo del maltrato es un alumno esto lo deja en una posición de indefensión.
  • colectivo: suele haber más de un agresor.
  • con observadores pasivos que, si bien no agreden, tampoco intervienen para que cese la agresión.

Por claridad al exponer las ideas en esta entrada hablaremos de víctimas, acosadores y observadores, Sin embargo, en todos los casos, si como padre estas viviendo una situación de este tipo, procura no etiquetar a sus hijos, tienen nombre, no son ni la víctima, ni el agresor. El efecto de las etiquetas en los niños es potente y en este caso de manera muy negativa, como ya veremos en otra entrada al blog.

¿Qué consecuencias tiene el bullying en los niños?

El acoso escolar tiene consecuencias en las tres figuras necesarias para que se produzca: acosados, acosadores y observadores pasivos:

Sufrir acoso afecta la autoestima de las víctimas, además de generar ansiedad y tristeza, y es muy probable que se vea reflejado en su rendimiento escolar.

En cuanto a los agresores, se produce en ellos un proceso de aprendizaje: la agresión es un medio para obtener poder o reconocimiento social. Este aprendizaje puede desembocar en un adulto con conductas antisociales.

No podemos olvidar a los observadores, que aprenden a mostrarse pasivos y complacientes ante una situación de injusticia, y  recompensan con su tolerancia la conducta de los agresores.

Medidas a tomar

  • Preventivas:

Al inicio de primaria, en torno a los 6 años, podremos apreciar que para nuestros hijos empieza a ser más importante la relación con iguales, las amistades, la pertenencia a un grupo. Deberemos estar atentos a la forma de comunicación que tienen, a si poseen habilidades suficientes para estas relaciones sociales que inician. Fomentar en este momento de su desarrollo las habilidades sociales, empatía, colaboración y cooperación, así como ser un modelo del comportamiento que deseamos que desarrollen son fundamentales.

Aunque el momento crucial es en la pre-adolescencia y la adolescencia (a partir de los 11 años). Se trata de una edad caracterizada porque el grupo de iguales cobra más importancia y es más influyente que la familia o la escuela. Contar con recursos y herramientas psicológicas y conductuales suficientes adquiridas previamente tanto en el cole como en la familia evitarán que un niño pueda ser víctima, agresor u observador pasivo de una situación de bullying.

  • Intervención ante sospechas:

Si detectas malestar en tu hijo, escúchale, haz que se sienta comprendido. No te alarmes, ni le transmitas una visión inflada del problema, si ve el problema grande le costará más enfrentarse a él, ( por ejemplo decirle a todo el mundo «a mi niño lo están acosando en el cole», delante del menor, como si no se enterase de nada), pero tampoco le hagas sentir que no es comprendido quitándole importancia a sus pensamientos y sentimientos («anda ya, eso son cosas de niños, no les hagas caso… no pasa nada»).

Si sospechamos que se está dando esta situación de acoso siempre el primer paso es informar al centro educativo. Existen protocolos de actuación y seguimiento en los centros para estos casos. Un trabajo de tutoría concienzudo y bien asesorado por orientadores dará buenos resultados, pues desde los centros tienen la posibilidad de trabajar con el grupo cuyas relaciones están alteradas.

Dado que en los centros escolares no siempre disponen de todo el tiempo que necesitarían para hacer frente a todo, puedes también pedir ayuda a un psicólogo que trabaje con tu hijo distintos aspectos de su personalidad que lo ayuden a enfrentar la situación. Este trabajo si se hace en coordinación con el centro escolar consigue mejores resultados.

¿Qué hay que trabajar con cada uno de los agentes?:

Con la persona acosada nos centraremos en educación emocional, autoestima, habilidades sociales, asertividad y comunicación. Se trata de empoderar a la persona frente a estas situaciones, fortalecerla, y hacerla  de este modo menos vulnerable. En la vida nos encontraremos en muchos casos con «abusones», si tenemos las herramientas psicológicas para no someternos a ellos ganaremos la batalla.

Con quien acosa se trabajan técnicas de modificación de conducta, para cambiar ese aprendizaje del que hablábamos antes, y que la manera de obtener recompensas deje de ser mediante la posición de superioridad.

Con los observadores se trabaja la empatía (ponerse en el lugar de otros), la comunicación, mediación, emociones y habilidades sociales.

Normalmente nos es más fácil ponernos en la piel de los padres de la víctima, que en la del acosador. Deberíamos pararnos a pensar que colocarles las etiquetas de víctima, agresor u observador pasivo, nos hacen perder la perspectiva de que todos necesitan ayuda para modificar su manera de comunicarse, expresarse, comportarse. Se trata de niños, y al fin y al cabo, en todos los casos están siendo víctimas de unas circunstancias, un medio, una educación.

 

 

Autor

Paqui Morales - Psicóloga

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