La muerte y los niños

Hay un momento en la vida en el que nos enfrentamos por primera vez a la muerte. La muerte es inherente a la vida, sin embargo, nos cuesta tratarla sobre todo cuando debemos explicársela a un niño.

Cuando la muerte afecta a una persona querida se pone en marcha el proceso emocional del duelo, necesario para asumir esa pérdida y que debe trabajarse correctamente para que no se cronifique.

Existen algunas falsas creencias sobre el duelo en niños, como que no se dan cuenta y sufren menos que los adultos, que deben excluírseles de todo el proceso y que deben ser protegidos no dejándoles participar en los ritos funerarios. Sin embargo los niños con muy sensibles a los estados de ánimo de sus padres y cuidadores y perciben que algo ocurre, y necesitan el filtro emocional y cognitivo de sus mayores para comprender las situaciones de pérdida.

Un momento especialmente difícil para los adultos es aquel en el que debemos comunicar a un niño una muerte, no sabemos cómo expresarlo para adaptarnos a sus capacidades cognitivas, a lo que son capaces de comprender. Algunas claves para ese momento son:

  • Dar la noticia de la muerte del ser querido lo antes posible y siempre por medio de una persona que sienta cercana y en la que confíe, a ser posible sus propios padres.
  • Informar a la escuela.
  • Es muy importante saber escuchar, no hay que darles toda la información de golpe, sino poco a poco, según van surgiendo preguntas.
  • Se explica siempre diciendo la verdad, pero adaptada a su edad y capacidad de comprensión.
  • Explicar la muerte en términos reales físicos
    • Es universal: todos morimos.
    • Es irreversible: no volvemos a vivir una vez nos hemos muerto.
    • Se terminan las funciones vitales: el cuerpo no funciona.
    • Todo el mundo muere por una causa.
  • Es importante compartir nuestras creencias religiosas y espirituales con los niños, pero después de haber dado la explicación física, el pensamiento de los niños pequeños no está preparado para simbolismos, y las metáforas le podrían confundir.
  • Es importante trabajar las emociones del niño, que exprese qué le inquieta, qué le preocupa y aclarar sus dudas. Las más comunes son:
    • A veces aparecen sentimientos de culpa, si es así debemos asegurarnos que comprenda que no es responsable de la muerte.
    • También suele pasar, sobre todo a los más pequeños, que ante una noticia de muerte les asalta la inquietud de que otro familiar pueda morir. En este caso hay que dar seguridad y protección.
    • Los adolescentes suelen tener pensamientos de que su mundo se puede desmoronar.
    • También les asalta la angustia de que van a olvidar de la persona fallecida. En este caso hay que hacerles ver que la muerte no significa eso, compartiendo con ellos nuestros recuerdos, historias, fotos, animándoles a ellos a hacer lo mismo.
  • A partir de 6-7 años los niños pueden participar en los ritos de funeral debidamente explicados con anterioridad, esto favorece que se sientan integrados en la familia, y que la muerte se pueda concentrar en el espacio y el tiempo. Los niños también necesitan despedirse.

Para que el duelo sea lo menos traumático posible es necesario que los adultos de referencia atiendan y den soporte al niño, que lo integren en las dinámicas de despedida, el restablecimiento de rutinas lo antes posible para que tengan sensación de seguridad, también de suma importancia ayudarles a expresar lo que piensa, sus dudas, los sentimientos ante lo sucedido a través del ejemplo (nosotros también expresamos nuestros sentimientos y hacemos de modelo) .

Las manifestaciones de duelo dependen en gran medida de la edad del niño o la niña, no se manifiestan igual en niños de menos de 3 años (sentimiento de abandono), que en los de 6 (enuresis, pesadillas, retroceso evolutivo…), que en adolescentes  (agresividad, violencia, falta de concentración, culpa hacia sí mismo o hacia el fallecido, deseo de unirse con el fallecido…). Normalmente el apoyo de los familiares y los adultos de referencia facilitan su elaboración. Sin embargo, en el caso de que se intensificaran y persistieran podríamos decir que el duelo se está complicando y debe consultarse con un psicólogo.

 

Autor

Paqui Morales - Psicóloga

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