Operación pañal

Dejar de usar el pañal es una liberación para los pequeños, un ahorro económico para la familia y una alegría para el planeta Tierra.

Algunos padres y madres se preguntan cuándo es el mejor momento para enseñar a sus hijos a usar el váter y cómo hacerlo. Para que la “operación pañal”  no sea una operación fallida requiere que sepas algunas cosas:

¿Cuándo dejar el pañal?

Partamos de la idea de que no debemos enseñar a nuestros hijos a hacer pipi o caca en el váter, dejar el pañal es una consecuencia más del proceso de maduración fisiológica, el efecto de la madurez del sistema nervioso (SN) , y de la coordinación motora necesaria para el control de los esfínteres (músculos que abren y cierran el paso a la orina y las heces). En realidad no enseñamos, sino que les facilitamos un proceso que es posible cuando la madurez del SN y coordinación motora son suficientes.

Al igual que cuando para que empiecen a caminar, por más que los pongamos de pie, si no están preparados, no conseguiremos nada, precipitarse para que abandonen el pañal tampoco resultará exitoso. Por lo tanto, cada niño tiene un momento, y para saber cuál es, sólo tienes que estar atento a algunas señales que son muestra de madurez como:

  • Su pañal está seco por horas, y hace pipí cada 3 o 4 horas, es la muestra de que es capaz de acumular orina en la vejiga como un adulto.
  • Le molesta tener sucio el pañal.
  • Imita la conducta de ir al baño y te acompaña para verte usar el wc.
  • Si lo intentas, no se resiste a usar el orinal.
  • Ya camina y tiene equilibrio suficiente. Se trata de muestras de su nivel de desarrollo psicomotor.
  • Es capaz de seguir instrucciones simples como “siéntate en tu váter”, “pipí en el váter”
  • Reconoce las señales físicas previas, es capaz de decírtelo antes de hacerlo, y de dirigirse a donde esté su orinal: “me hago pipí” “me hago caca”.
La mayoría de los niños y niñas dan muestra de esta madurez entre los 24  y los 30 meses, aunque no se considera que exista ningún trastorno de eliminación como la enuresis, si se controlan los esfínteres antes de los 5 años de edad.
Lo importante es no forzar la situación, si su hijo tiene 24 meses pero no presenta ninguna señal de estar preparado, poco importa que sea verano, o que tengas vacaciones y le puedas dedicar más tiempo al proceso. Hacerlo antes de tiempo puede ser contraproducente y alarga el proceso.
¿Cómo lo hacemos?
Hay tantas formas de hacerlo como niños y familias, aquí os dejo algunas ideas útiles:
Dejar el pañal de día no necesariamente va acompañado a dejar el pañal de noche. Lo segundo suele requerir un poco más de tiempo. Puedes plantearte como primer objetivo el día, una vez conseguido, será fácil el éxito para que no necesite el pañal de noche.
Le enseñamos su nuevo orinal, le decimos para qué sirve. Seguro que querrá usarlo como si se tratase de un juego.
Le colocaremos un orinal en un sitio accesible: tiene que darle tiempo a ir antes de que se le escape, hay que tener en cuenta que al principio, cuando avisan hay poco tiempo de reacción.  Puedes colocarlo en la zona de juegos, la zona de estar, aunque, si el baño es de fácil y rápido acceso es la mejor opción, pues puedes colocar el orinal junto al inodoro y cuando vayas al baño pedirle que te acompañe, para servir de modelo de conducta y pedirle que haga lo mismo: “siéntate como mamá, mira ahora hago pipí”.
Hay quienes opinan que el proceso debe hacerse poco a poco, unas horas al día sin pañal, e ir aumentando ese tiempo. Yo me decanto por dejarlo del tirón por el día, y una vez dominado el arte de ir al baño, dejarlo por la noche también radicalmente. Me parece que la opción de dejarlo paulatinamente hace que el niño además de tener que preguntarse si tiene ganas de hacer pipí, deba plantearse si tiene o no el pañal,… mucha pregunta para poder reaccionar a tiempo. Eso sí, aprovisiónate de paciencia, una fregona absorbente, una buena cantidad de ropita de recambio, una buena forma física para correr por el pasillo y ganas de reír, porque la risa ante las situaciones que se dan está asegurada.
Reforzamos los avances: en ningún caso le regañamos ni castigamos porque se le escape un poco de pipí antes de pedirlo, o se lo haga encima, o acabemos de llevarlo, no haga nada y a los dos minutos nos haya orinado la alfombra. Dejar el pañal tiene que ser algo positivo, no algo que asocien a consecuencias negativas. Sólo debemos estar atentos a los avances, aunque sean mínimos y premiarlos. Pequeños avances son, pedir pipí o caca aunque luego no haga nada, aunque lo haga con tan poco tiempo que tenga escapes, aunque se siente en el orinal sin hacer nada. Y con premiarlos me refiero a cantarle una canción de campeón, darle un abrazo, contárselo a otros delante de él o ella, incluso puedes montar una economía de fichas al principio del proceso, es increíble el poder de una pegatina para estos menesteres.
Al principio tendrás que recordarle cada cierto tiempo si tiene que ir al baño, es probable que se le olvide valorar si su vejiga está llena o no cuando está atento a otras cosas como jugar, así que para que adquiera esa conciencia de chequeo de situación al principio le ayudaremos nosotros invitándoles a ir al baño con nosotros. La opción de que nos acompañen es más efectiva que preguntarles “¿quieres ir al baño?” porque si andan ocupados, te dirán que no, aunque inmediatamente tengan un charquito a sus pies. Para esto la economía de fichas es una estrategia que bien planteada, es motivadora para ir al orinal y sentarse a ver qué sale.
Puede ocurrir que aunque se haya alcanzado un buen control y dominio, se produzca un retroceso ocasionado por situaciones que para nuestros hijos sean estresantes ( los celos ante el nacimiento de un nuevo hermano, acoso escolar, divorcio de los padres, etc) y aparezca la denominada enuresis secundaria, de la que hablaremos en otro post.
Si hay dificultades para el control de esfínteres más allá de los 4 años para las heces y de los 5 para la orina consulta con tu pediatra, puede que exista alguna causa física o bien que te derive a un psicólogo infantil.
Dicho todo esto, solo queda ponerlo en marcha, disfrútalo, seguro que muchas de las anécdotas que os sucedan serán dignas de ser contadas a tus hijos cuando sean mayores.

 

 

Autor

Paqui Morales - Psicóloga

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