Rabietas: cómo manejarlas.

De repente un día, tu adorable bebé, ese tan gracioso que hace nada empezó a caminar y a hablar, esa cosita tan linda que te comerías de cabeza a pies, empieza a ser el ser que más capacidad tiene de sacarte de tus casillas en la faz de la tierra ¿Ha cumplido ya los dos años? ¡Enhorabuena! Acabas de inaugurar la maravillosa etapa de las rabietas.

Nadie te había hablado de ella, hay cosas que no se cuentan para que no descartes la experiencia de ser padre/madre, pues la especie humana se extinguiría, una es lo de la falta de coordinación de sueño en el primer año, y otra es ésta, las rabietas.

Lo primero que hay que aclarar es que las rabietas son conductas absolutamente normales, y que por lo tanto no deben ser motivo de preocupación. Pueden aparecer antes o después pero en algún momento todos los niños tienen estas respuestas.

Desde pequeños los niños aprenden que el llanto es un recurso poderoso para llamar la atención de los padres, pero claro, esto se convierte en un problema cuando el niño lo utiliza como único recurso para conseguir determinadas cosas, cuando éstas se les niegan o anticipan que sus deseos se verán frustrados.

Cuando el niño obtiene lo que desea con el llanto, deja de llorar, y los padres se sienten aliviados porque la conducta que les incomoda de su hijo desaparece. Si lo analizamos podemos ver como hay dos reforzamientos (consecuencias que aumentan la probabilidad de que la conducta se repita), uno a la conducta de llanto y pataleta de los niños, pues con ella consiguen lo que quieren. Y dos a la conducta de los padres de darles a los niños lo que desean, pues así consiguen la tranquilidad de que paren. Al final, en estos casos, es el niño quien domina la situación.

El mundo es grande y abrumador cuando tienes dos años, te queda mucho por saber y empiezas el aprendizaje que te llevará a la independencia. Una de las primeras cosas que debes conocer es donde están los límites y ¿cómo lo aprendes?, a base de tantear respuestas a situaciones. Las rabietas son una forma inmadura de expresar enfado o frustración. Digamos, para simplificar, que con las rabietas el niño pone a prueba hasta dónde puede llegar, no  por fastidiarnos a los sufridos padres y madres, sino porque no sabe otra manera de hacerlo. De nuestra respuesta a estas rabietas, nuestros hijos aprenderán unas conductas que pueden ser más o menos adaptativas. Para evitarnos males mayores, vamos a tratar algunas pautas de manejo de las rabietas.

Hablemos primero de cómo son en términos generales los niños a los dos años, esto te ayudará a comprender muchas de sus conductas y a generar respuestas alternativas a la de ceder acompañadas de un extra de paciencia.

–          A esta edad a los niños les gustan las rutinas pues les aportan seguridad.

–          Necesitan controlar su mundo, son rígidos y pueden resultar mandones. Hablaba María Montessori de un periodo sensible de orden. Esto puede explicar porque una galleta rota o un vaso de otro color pueda enfadarles tanto.

–          Se frustran con facilidad.

–          Se encuentran en una fase de desarrollo caracterizada por el egocentrismo. Se perciben como centro del mundo y todo está orientado en torno a su beneficio.

Por otro lado, hay factores que contribuyen al empeoramiento de esta fase de rabietas:

– los relacionados con el desarrollo y la falta de habilidades para gestionar las emociones negativas de frustración o ira,

– de temperamento. Hay niños que son más dramáticos para expresar sus emociones.

– ambientales: estrés familiar, depresión en padres, no tener límites firmes y claros, castigos corporales frecuentes.

–  los niños que sufren trastornos de sueño, pérdidas de audición, retrasos del lenguaje, TDAH, parecen tener rabietas más intensas.

¿Cómo manejar las rabietas?

Para prevenirlas debes saber que:

–          Las rabietas ocurren con más frecuencia cuando hay cansancio o hambre. Si reconoces las señales previas y actúas, podrás evitar la mayoría de las posibles rabietas.

–          Son frecuentes entre los 2 y los 5 años, aunque su punto más álgido es entre los 2 y los 3 años.

–          Un alto porcentaje de los niños con comportamiento difícil a los 3 años continúan teniéndolo si no se interviene de ninguna manera.

Proponemos una intervención basada en la disciplina positiva, es decir actuar desde la información y con habilidades necesarias para seguir un estilo democrático para el manejo eficaz del comportamiento de sus hijos.

Se trata de un objetivo que se desglosa en unos sub-objetivos que son:

–          Establecer límites firmes: mediante la utilización de órdenes y afirmaciones claras, directas y expresadas en términos observables, apoyar las palabras con acciones.

No es lo mismo decirle “recógelo todo”, todo es una palabra muy difusa para ellos, que darle instrucciones más objetivas “metemos los lápices en el cajón y las muñecas en el juguetero”.

–          Comunicar normas razonables y apropiadas para la edad de tu hijo.

–          Elogiar y fomentar la cooperación. La manera de reforzar positivamente una conducta de manera eficaz es: dar el refuerzo sólo después de la conducta adecuada, alabar inmediatamente, reforzar sin juicios ni sarcasmos (aunque un minuto antes te haya puesto como una moto, si ya se ha calmado, debes calmarte tú tan rápido como él), con sonrisas, con contacto visual, con palabras de entusiasmo, acariciar, besar y abrazar al tiempo que se refuerza verbalmente, alagar el comportamiento siempre que la conducta sea normal o buena (hay que elogiar los avances, no esperar sólo a que la conducta sea perfecta), ser coherentes y consistentes (siempre las mismas consecuencias antes los mismos comportamientos), reforzar delante de otras personas, enseñar al niño a auto-reforzarse.

–          Prestarle atención a tu hijo, aunque sea para reñirle, paradójicamente refuerzan las conductas, es decir, aumentan la probabilidad de que se repitan. Cuando aparece una rabieta es natural que puedas perder los nervios, y en este caso estarás haciendo que aumente la probabilidad de que ocurra más veces, en lugar de atajar el problema. Para retirar la atención utilizamos la técnica del tiempo fuera. Para ser eficaz con esta estrategia debes saber:

o   Debes estar preparado para llegar hasta el final. El tiempo fuera al principio hace que las rabietas empeoren, pues el niño acostumbrado a que “entremos al trapo” o cedamos, al ignorarlo interpreta que no está llorando o gritando lo suficiente. Si no llegas hasta el final y cedes antes de que se calme por sí sólo, empeorarás la situación para futuras ocasiones, pues lo que habrá aprendido es “debo llorar y gritar más alto para que me atiendan”.

o   Los periodos de tiempo fuera no superaran los 5 minutos (se dice que 1 minuto por cada año que tenga el niño) y se repetirá tantas veces como sea necesario si el niño no obedece a lo que se le ha pedido. Si pasado el tiempo no se ha calmado le recordaremos “cuando te calmes te atenderé” (se lo diremos poniéndonos a su altura y mirándole a los ojos) y volveremos a no prestarle atención.

o   Ignorar al menor durante el tiempo fuera, y con ignorar decimos: no mirar, no hablar, no tocar,…como si no estuviese. Si hay una situación de riesgo para el niño, lo sacamos de ella pero sin perder los nervios ni gritarle (por ejemplo, está tirando las cosas de un cajón donde hay unas tijeras, le diremos cuidado con las cosas del cajón, lo retiraremos y nos pondremos entre él y ese cajón).

o   Hacer responsable al niño del desorden que puede provocar durante el tiempo fuera. Si tira cosas al suelo, las recogerá después.

o   Apoyar a la pareja en la utilización de la técnica. Como padres nos aseguraremos de que todos los cuidadores deben conocerla y llevarla a cabo: padres, abuelos, niñera…, si no es así los niños buscarán su complicidad para incumplir las normas.

o   Utilizar esta estrategia además de para no atender al niño mientras está en plena rabieta, para relajarnos y tratar con respeto al niño.

o   Para que sea realmente eficaz, hay que combinar con el refuerzo positivo del que hemos hablado antes. ¡No hay que olvidar este punto para que los efectos permanezcan!

–          Utilizar eficazmente el coste de respuesta: El coste de respuesta consiste en la retirada de ciertos reforzadores positivos o agradables (salir al parque, jugar al fútbol, jugar con un juguete, comer un chocolate…) cuando se da la respuesta no deseada, lo que se busca es que esa respuesta disminuya y finalmente desaparezca. Es como los psicólogos llamamos a lo que en la calle se conoce como castigo. Para que el coste de respuesta funcione debemos buscar reforzadores que realmente lo sean, que sean eficaces. Si la muñeca con la que no podrá jugar si se enrabieta le da igual, la técnica no funcionará. Y además debemos establecer tiempos razonables y que sepamos que vamos a cumplir. Si después no te vas a acordar, o has establecido un tiempo tan largo que después le vas a dar la muñeca sin cumplirlo, la técnica no sólo no sirve, sino que empeora la situación.

Cuando las rabietas suceden en la calle, suponen una dificultad añadida a su manejo, pues a veces son tan escandalosas que seríamos capaces de ceder a los deseos de nuestros hijos sólo por dejar de ser el centro de atención de todo el restaurante, el supermercado o el parque.

En la calle debemos hacer lo mismo, retirar la atención hasta que desaparezca la conducta inapropiada y reforzar cuando el comportamiento es el deseado. Puedes llevar al niño a un sitio más tranquilo, donde ser observado y probablemente juzgado, no te ponga más nervioso, lejos de los comentarios condescendientes de los demás (amigos, familiares,..) que hacen que el niño aumente el tono.  Una vez alejado, retírale la atención y repite la consigna: “cuando estés más calmado te atenderé”.

Otra cuestión que debemos ir trabajando con nuestros hijos a estas edades es la educación en emociones, además de todo lo dicho hasta ahora, es interesante que cuando ya ha pasado la rabieta, ha recogido todo lo que ha tirado al suelo y le has halagado que esté más tranquilo, le hables de que a lo mejor estaba así porque está cansado, o que lo que sentía era que estaba enfadado… Le puedes leer un libro en el que traten alguna de las emociones que hayan desencadenado la rabieta (hay muchos libros sobre emociones para el público infantil en el mercado), para que pueda reconocerlas. Reconocer las emociones es el primer paso para gestionarlas bien.

Autor

Paqui Morales - Psicóloga

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