Rutinas, verano y niños

En estas semanas de verano los padres y madres vivimos la época del año más loca de todas debido a las dificultades que provoca la falta de coherencia entre un calendario laboral estándar y los calendarios escolares de nuestros hijos.

Las palabras rutina y hábito pueden tener connotaciones negativas, podemos pensar que educar en hábitos puede llevar a nuestros hijos a la monotonía, el aburrimiento y matar su creatividad, pero esto dista de la realidad. Para nosotros los adultos, los hábitos nos facilitan el día a día, regulan nuestros biorritmos y para los niños, además, el saber qué es lo siguiente que va a suceder, la predictibilidad de las situaciones, les genera un sentimiento de seguridad necesario para su desarrollo psicológico.

Los primeros y principales hábitos que adquirimos son los de sueño, alimentación e higiene. Seguir cierto orden en estos tres aspectos no está reñido con que un niño pueda desarrollar su creatividad, tenga un crecimiento con una mente abierta, autónoma y feliz.

¿Qué pasa cuando rompemos radicalmente con esos hábitos, y cada día tenemos un horario?

Pues, lo que seguramente estés sufriendo ahora como padre/madre, niños con más rabietas de las habituales, que comen mal, que se concentran menos,… vaya, que son más capaces de ponerte de los nervios. Esto es debido a que la falta de esta  seguridad  que proporcionan los hábitos, provoca en el niño emociones negativas que puede que no sepa gestionar, de manera que contaminan su comportamiento en general, dada la tendencia globalizadora que caracteriza a los más pequeños.

¿Qué podemos hacer para minimizar las consecuencias?

El verano tiene más horas de luz, sería irreal proponer seguir los mismos horarios que en invierno, pero sí podemos hacer algunas adaptaciones. Estas son mis propuestas:

  • Establece una hora de irse a la cama de verano, que sea realista, adaptada a la edad de tu hijo y asegurándote de que disfrutará de las horas de sueño adecuadas. ¡Entre acostarse a las 9 en época escolar y no tener hora de acostarse, hay un término medio!
  • Lo mismo para las comidas, debe haber un horario aproximado para las 3 comidas principales del día. Evita que coman a cualquier hora y cualquier cosa si quieres que sigan con una alimentación saludable.
  • Planifica actividades para el día: si van a alguna ludoteca, tendrás medio trabajo hecho, si se quedan en casa bien sea con alguno de los progenitores, o bien sea con algún familiar, hazte un horario parecido a un horario escolar pero un poco más flexible ¡que están de vacaciones!
    • Algunas propuestas de actividades:
      • Es muy interesante y recomendable hacerles partícipes de las tareas de la casa, esto ayuda en el desarrollo de su autonomía y autoestima
        • Hacer la cama, o intentos de hacer la cama: Es una tarea compleja, reconócele sus avances, y no es necesario que la rehagas, a tu hijo le gustarán sus resultados aunque no sean perfectos.
        • Ayudar en la preparación del desayuno o almuerzo: Siempre hay cosas que pueden hacer sin que entrañen ningún peligro de cortes o quemaduras.
        • Ir a la compra: Si ayudan en la decisión del menú y los implicas en la compra y elaboración de alimentos, seguramente consigas que coman cosas que antes no había comido.
      • Para principio de la mañana planifica ratos con alguna actividad que requiera de más atención:
        • Hacer alguna actividad tipo ficha de las que hacen en el cole dependiendo de la edad y de qué quieras potenciar, o qué te hayan recomendado en la tutoría al final de curso. Hay muchas páginas web que ofrecen material descargable de actividades de infantil y primaria.
        • Hacer alguna manualidad sencilla. Puedes inspirarte en alguna página web o en la red social Pinterest.
      • Juego libre: Entendido como juego tradicional, nada de tabletas y videoconsolas. Tenemos tendencia a dirigirles el juego, a decirles para que es cada cosa, cada juguete, «eso no es para que juegues así». Sin embargo es muy interesante que los niños se aburran y dejarles que creen sus propios juegos, con juguetes, cajas o cualquier trasto que haya en los cajones de casa (para esto las casas de los abuelos son una mina). Es una de las formas más efectivas y naturales de desarrollar la creatividad. A partir de los 2 años, cuando los niños empiezan a desarrollar el pensamiento simbólico, es muy divertido observarles en sus juegos, pues suelen imitar situaciones de la vida cotidiana. Es uno de esos momentos en las que caes en la cuenta de cuánto aprenden de lo que observan que hacemos.
      • Evita caer en la tentación de enchufarles a la tele o el tablet, y si lo haces, recuerda que estamos creando una rutina de verano con horario, establece un tiempo límite de uso, que lo conozcan previamente. Por ejemplo, si sabemos que en un canal a determinada hora ponen una serie de dibujos, a esa hora vemos ese capítulo de esa serie, no los dejamos engancharse a el canal pongan lo que pongan.
      • Si tienes posibilidad, planifica actividades de guarrear, ¡es verano!, jugar con agua, pinturas, tierra o barro, además de divertido es muy recomendable, y basta con darles una ducha más tarde.

Recopila las actividades y haz un cuadrante a modo de horario, habla con tus hijos de cómo vais a hacer las cosas en verano, escucha sus propuestas, puede que te aporten ideas que puedas incorporar.

La clave está en darle a los días predictibilidad, pero con cierta flexibilidad. Puedes ayudarte de un cartelito hecho en una cartulina a modo de recordatorio, si no leen todavía, utiliza pictogramas (dibujos), que les servirá de apoyo para anticipar lo siguiente que va a ocurrir.

¡Y sobre todo, disfrútalo, algún día echarás de menos estos ratitos!

 

 

Autor

Paqui Morales - Psicóloga

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